El ruido y la melodía. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 11:45 am

Todos los españoles compartimos con el Presidente Rajoy la defensa de nuestro “derecho a la esperanza”, tal y como ha reivindicado en su exitoso viaje por los Estados Unidos. El problema, nuestro problema común, es que muchos españoles nos tememos que Rajoy esté vendiendo, por razones electorales, “falsas esperanzas” sobre nuestro momento económico. Es cierto que estamos asistiendo a una recuperación, aunque demasiado lenta, frágil y desigual como ha dicho Lagarde, pero la salida de la recesión no equivale a la salida de la crisis. Es más, las políticas aplicadas hasta ahora, son incompatibles con las que necesitamos para salir de la crisis. Por tanto, pido comprensión hacia esos millones de españoles que, sin ninguna animadversión especial hacia él, encontraron que las palabras triunfalistas del Presidente ante los empresarios americanos eran, cuanto menos, una exageración interesada y, cuanto más, incompatibles con su realidad cotidiana. Porque si hubo quien solo vivió una recesión de la que empieza a recuperarse, otros muchos cayeron en una crisis de la que tardarán mucho en salir.

Permítanme que les ofrezca otra lectura diferente de los mismos datos económicos en que se basa el Gobierno para vender su política.

En primer lugar, estamos saliendo de la recesión. Sí, pero, en gran parte, gracias al impulso de la economía mundial y a los apoyos prestados por el Banco Central Europeo. De la misma manera que la crisis no fue “culpa de Zapatero”, sino que hemos sufrido los efectos en España de la primera crisis económica de la globalización que ha causado problemas importantes en USA, Reino Unido, Irlanda, Grecia etc, la actual recuperación española es la consecuencia de la recuperación de la economía mundial junto a los apoyos del BCE en forma de rescate bancario, inyección ilimitada de liquidez al sistema bancario  y compromisos firme con el euro, lo que ha acabado con los ataques de los mercados a la prima de riesgo. Pero aceptar el impacto determinante que sobre la economía española tiene la economía mundial, en un mundo que decimos globalizado, ni impide criticar la respuesta de ZP a la crisis (lo hice aquí con frecuencia),ni  tampoco debe impedirnos criticar las políticas de Rajoy que, en estos dos años, no ha escogido las mejores opciones.

En segundo lugar, desarrollemos la frase “hemos hecho los deberes”. ¿Qué deberes hemos hecho? ¿Quién ponía esos deberes? Veamos algo de lo hecho “por deber”. En estos años de crisis, España se ha empobrecido como no lo había hecho en toda la democracia, a pesar de las dos graves crisis que vivimos en los setenta/ochenta y en los noventa. Es cierto que unos se han empobrecido más que otros e, incluso, algunos están saliendo más ricos de lo que entraron. Pero, de forma colectiva, hemos perdido renta y también riqueza. Y para aquellos millones de familias que continúan arrastrando una elevada deuda vinculada a una vivienda cuyo valor decrece, la perspectiva de empobrecimiento continuara durante mucho tiempo.

Hemos asistido, en estos años, al mayor proceso de redistribución regresiva de la renta de nuestra historia reciente, concretado en tres vectores: desde los ciudadanos y empresas hacia el Estado, gracias a los copagos y las subidas impositivas, en un proceso que se agudizará en el futuro cuando haya que pagar la elevada deuda pública que estamos acumulando. Desde los trabajadores hacia los empresarios, por el incremento del paro y los desiguales ajustes salariales, llamados devaluación interna, hasta el punto de que los beneficios estarán, por primera vez, por delante de los salarios en la distribución de la renta nacional. Por último, desde los pobres hacia los ricos, debido a los recortes en las prestaciones sociales, especialmente las pensiones, la congelación del salario mínimo y la deficiente gestión de asuntos como la pobreza energética o los desahucios, mientras la bolsa se dispara.

En cuarto lugar, hemos realizado un ajuste pasivo a la crisis, una devaluación interna basada en recortar los costes salariales (no otros), que cuestiona nuestro modelo de competitividad como país a medio plazo. Si queremos competir internacionalmente por hacer las cosas más baratas, en lugar de por hacer las cosas mejor, estamos renunciando a crear valor añadido situándonos en una escala de competitividad mundial altamente vulnerable ya que siempre habrá otro país que lo haga más barato. Los recortes en I+D, la fuga de investigadores y las restricciones crediticias a la inversión nueva en innovación, comprometen seriamente nuestra competitividad futura al dibujar un modelo productivo no sostenible basado en salarios baratos.

Por último, el Gobierno se ha equivocado de diagnóstico porque ni la salida de la recesión, ni mucho menos, la salida de la crisis, es posible a golpe de austeridad. Si los ciudadanos que han decidido consumir estas navidades un poco más que antes, hubieran ahorrado todo lo que se han gastado de más, el cuarto trimestre de 2013 no hubiera tenido ese crecimiento intertrimestral del 0,3% que ha anunciado, con alborozo, el ministro Guindos en el Parlamento. Por tanto, deprimir la demanda pública y fomentar el ahorro de las familias, como insistía el discurso gubernamental, no son, como decíamos algunos, medidas compatibles con la recuperación y un crecimiento suficiente para crear empleo digno.

Por tanto, ¿estos son esos “deberes” por cuya realización quiere el Gobierno que nos sintamos orgullosos? Ya, ya sé que todo es más matizable y que he recargado las tintas en los aspectos críticos. Pero reconozcan que es para compensar a quienes están recargando tanto en la otra dirección. Y, en el fondo, les traslado con ello mi preocupación de que la melodía de esperanza en el futuro, en las grandes posibilidades que tiene nuestro país si trabajamos todos juntos en la dirección adecuada, acabe engullida por el ruido partidista electoral. Porque los difíciles momentos por los que estamos pasando, requieren otras acciones y, sobre todo, otras actitudes. Porque en la globalización, los mayores beneficios de unos no se trasladarán, como antes, al conjunto de la sociedad. Y de todo eso, no habla el Gobierno. Ni en USA, ni en España.

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