Cuando todo dejó de ser posible. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 12:28 pm

Estamos viviendo un cambio de época. Lo viejo ya no funciona como antes y lo nuevo todavía no se ha mostrado con claridad. Cuando acumulamos calor sobre el agua, llega un momento en que se produce una transmutación rápida: pasa de líquida a gaseosa. De manera similar, la acumulación de cambios ininterrumpidos desde, al menos, la caída del comunismo, ha provocado en el mundo este salto cualitativo en que “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

Un momento clave de este proceso, turbulento pero apasionante, se produce hace tres años, cuando la caída de Lehman Brothers oficializó la magnitud de una crisis financiera iniciada meses antes con los problemas planteados por las hipotecas subprime. El día en que quebró Lehman, traza una raya simbólica entre un antes y un después en la manera de concebir la gestión de la complejidad en que hemos convertido la vida en esta nave espacial Tierra, donde las distancias temporales y geográficas se empequeñecen, mientras se ensanchan las distancias sociales.

Si asumimos que el ser humano se deja guiar por su raciocinio, podría ser útil sintetizar en cinco las cosas que han dejado de ser posibles desde entonces, aunque algunos las sigan enarbolando, más como consignas que como soluciones.

Ya no será posible regresar a una economía en la que el dinero, en cualquiera de sus muchas mutaciones, se desacople totalmente de la producción de bienes y servicios como fuente de creación de riqueza colectiva. La inversión mundial deberá guardar alguna proporción razonable con el ahorro y el conjunto de la liquidez efectiva del sistema estará en función de las necesidades de pago de la economía. La economía productiva recuperará protagonismo frente a los “magos” de las finanzas.

Lo segundo que ya no será posible es defender esas políticas de desregulación del sistema financiero, ni la desfiscalización de las rentas del capital que han caracterizado la época anterior. El sobreendeudamiento privado que ha estado en el origen de la burbuja especulativa cuyo estallido nos ha conducido aquí, se hubiera podido evitar o, al menos, paliar, como ha puesto de relieve el Informe del Congreso de  EE.UU sobre el asunto, si no hubiésemos dejado fuera de regulación y control a una parte importante del sistema financiero internacional con la creencia de que el mercado se autorregula y, también, si no hubiésemos arbitrado, bajo amenaza de deslocalización en paraísos fiscales, una fiscalidad menor para las rentas del capital que para las del trabajo.

La tercera cosa que ya no podrá seguir igual es la crítica ideológica al Estado. De hecho, sin la intervención masiva de los Estados en apoyo de los bancos, con independencia del signo político de sus gobernantes,  podríamos haber vivido esa crisis final del capitalismo que, de manera apocalíptica, predijo Marx.  Los impactos de la quiebra de Lehman  evidenciaron que la “liberal”, no podía ser una solución generalizable para una crisis de estas características (financiera) y magnitud (mundial). Por eso se produce el giro hacia los Estados en demanda de ayuda, incluyendo nacionalizaciones de entidades financieras. Y por eso se elabora la teoría de riesgo sistémico con el argumento de que hay entidades financieras tan grandes que no se les puede dejar caer, sin poner en serio peligro al conjunto de la economía.

Tampoco la manera de abordar los problemas de la globalización económica podrá seguir igual que antes. Hace tiempo que se viene señalando la conveniencia de establecer mecanismos de gobernanza que encaucen la fuerza desatada de los mercados mundiales con todo su potencial creativo, pero, también destructivo. Esta crisis ha puesto de relieve la necesidad de un Orden Económico Mundial que, al menos desde un punto de vista institucional y de reglas, supere las dos restricciones actuales: los mecanismos de Bretton Woods, claramente obsoletos y los límites que representan las soberanías de los estados nacionales para hacer frente al tipo de problemas que plantea la realidad global que existe hoy, con toda su complejidad e interrelaciones. Incluso grandes países como USA o China, o experiencias supranacionales como la UE, no pueden, por si solos, hacer frente a las necesidades del sistema creado y el modelo G-20, es insuficiente para lo que se necesita.

El peor de los mundos sería aquel en el que los mercados globales deterioran las viejas soberanías democráticas nacionales, sin que la respuesta colectiva se organice mediante una nueva estructura política de dimensión adecuada a la de esos mismos mercados.

Por último, lo que tampoco podrá seguir igual que antes son las políticas económicas nacionales basadas en impulsos desde el gasto público, tanto a la demanda (consumo) como a la oferta (inversión) agregada, mediante el recurso al déficit. El movimiento irreversible hacia la estabilidad presupuestaria, incluso con mandato constitucional, como respuesta a las exigencias de los prestamistas, introduce un cambio permanente en la forma de actuación económica de los Estados, buscando la eficiencia, replanteando gastos y también impuestos e, incluso, en la manera de hacer política en democracia.

 Salvaguardado el principio keynesiano de actuación presupuestaria contra cíclica, lo que no continuará igual es la manera en que el Estado contribuye al crecimiento de los países y, en el caso de aquellos que están por debajo de la media, a la reducción de su distancia en convergencia real con los más avanzados.

El terremoto asociado a la crisis con epicentro en la quiebra de Lehman ha provocado desplazamientos perceptibles en dos de los ejes fundamentales que articulan nuestra convivencia: por una parte, el peso internacional de los países y de las zonas geográficas se ha desplazado desde occidente hacia los BRICS y, en segundo lugar, las empresas multinacionales tienen un protagonismo social creciente, respecto a unos Estados nacionales que aparecen con dinamismo menguante. Qué resulte de todas estas transmutaciones en términos de crecimiento, empleo, equidad, derechos de los consumidores y trabajadores o impacto sobre medio ambiente, es todavía una incógnita. La historia, no ha terminado.

7 comentarios

001
santiago
13.09.2011 a las 12:09 Enlace Permanente

Sr Sevilla,el que mejor ha definido en español el estado actual de nuestra economia ha sido el presidente del Banco Sabadell,que ademas es catedratico de economia el Sr Oliu cuando dijo:

…la crisis economica ya se ha terminado,ahora estamos en un Mundo NUEVO.

Lo creo cada dias mas.

Saludos

002
bitdrain
13.09.2011 a las 14:51 Enlace Permanente

Siempre lucido. Me encantan sus reflexiones, es un gusto pasarse por aqui dia tras dia y emanar de su coherencia.

Un saludo.

003
lmar
13.09.2011 a las 22:19 Enlace Permanente

Algunas malas prácticas seguirán, como los confictos de objetivos sin resolver. Recomiendo:

Opá, yo voy a hacer un Investment Bank!!
http://www.anguloinversor.com/2011/09/opa-yo-voy-hacer-un-investment-bank.html

No tiene desperdicio…

004
juan luis ayas
14.09.2011 a las 13:53 Enlace Permanente

que un señor que ha sido ministro de AAPP en el peor gobierno de la democracia, con unas AAPP derrochando el dinero de todos en gastos injustificablescomo se está viendo y que ademas haya sido(si no me equivoco) consejero de una caja de ahorros que ha terminado quebrada diga lo que dice referente al estado, la desregulacion(?) del sector financiero, defensa del intervencionismo del Estado, partidario de “encauzar las fuerzas desatadas de los mercados mundiales” es coherente aunque equivocado : la viga en el ojo ajeno y la paja en el propio

005
Juan
18.09.2011 a las 11:38 Enlace Permanente

Problemas viejos en un mundo nuevo?
Los problemas los creamos nosotros o viven y se producen por creación espontanea? Este nuevo mundo u orden mundial, lo hacemos nosotros o también es de generación espontanea?
Como puede haber un mundo nuevo con los problemas de siempre?
Me suena a más de lo mismo de siempre, demagogia pa despistar, pasamos de de una sociedad de riesgo moderado a una sociedad de riesgo alto, nos tenemos que adaptar de nuevo y eso creará otros riesgos a los que nos tendremos que adaptar. Mientras lucharemos con los problemas de siempre mas los problemas causados por los desajustes en el equilibrio. Y los politicuchos de turnos nos hablan de mundos y equilibrios nuevos. Mientras, la entropía sigue subiendo y nosotros pagando el pato. Cuando todo dejó de ser posible….! Que bien suena, que bonito!

006
JJ
21.09.2011 a las 11:18 Enlace Permanente

Efectivamente, la historia todavía no ha acabado. Y en nuestra mano está que la Socialdemocracia vuelva a tomar el protagonismo que nunca debió perder y para ello los socialdemócratas debemos lograr que nuestra “respuesta colectiva se organice mediante una nueva estructura política de dimensión adecuada a la de esos mismos mercados” esto es lo PRIORITARIO todo lo demás es un “brindis al sol”.

007
Sevilla
05.10.2011 a las 09:46 Enlace Permanente

Cuánta razón tiene el comentario de Santiago: “la crisis económica ya se ha terminado, ahora estamos en un mundo NUEVO”, me la copio!!!!

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