137 Medidas, pero ¿Qué estrategia? (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 2:23 pm

          Cuando empecé a publicar esta columna, hace casi dos años, todavía estábamos discutiendo “el nombre de la cosa”. Quienes decíamos estar ante una crisis profunda del sistema económico, en lugar de ante una desaceleración temporal del mismo, nos podemos sentir tristemente reconfortados al escuchar al Presidente del Gobierno reconociendo esta semana, en una entrevista televisiva, que no haber sabido ver la magnitud de la crisis, es uno de sus principales errores. El haber tenido razón entonces no garantiza que la volvamos a tener siempre. Pero nos obliga a señalar que,  ahora, tampoco está sabiendo ver la magnitud de la tarea que, como país, tenemos por delante para salir, con bien, de esta profunda recesión.


 Cuatro millones y medio de parados, un déficit público de dos dígitos, la mayor tasa de endeudamiento nacional (público y privado) de la historia, así como el riesgo de enfrentar una década perdida en términos de riqueza y bienestar social, no son asuntos menores, ni que se puedan abordar con rutina y trámite burocrático. Estamos viviendo una crisis sistémica del capitalismo internacional, que se ha llevado por delante los factores en los que se ha basado nuestro modelo de crecimiento de los últimos quince años. Nada será igual después de este terremoto y de nada valdrá aparentar lo contrario.


A corto plazo, tenemos que articular un paquete de medidas orientado a fomentar el crecimiento y el empleo, compatible con la recuperación de la competitividad perdida, un reparto equitativo de los costes de la recesión y la disminución ordenada del endeudamiento. A medio plazo, hay que sentar las bases de una economía inteligente, sobre vectores distintos al pasado: de la cantidad y el precio, a la calidad y el valor añadido. Y todo ello, se debe hacer de manera eficaz mediante un Pacto de Estado más parecido a los de la Moncloa que al de Zurbano, debido al número y profundidad de reformas estructurales que se requieren, el amplio conjunto de instituciones involucradas y la necesaria garantía de continuidad en el tiempo.


 El Presidente Zapatero también dijo que el Gobierno había aprobado 137 medidas para luchar contra la crisis. La verdad es que no me salen tantas, pero no estamos ante un asunto que se pueda analizar al peso. Ciento cincuenta medidas no serían mejor, porque ni todas son homogéneas, ni un número indica nada sobre lo pertinente de las mismas. No es una cuestión de “trabajar mucho”, sino de “trabajar bien”, con sentido y en la dirección correcta. Y ahí, en la estrategia, es donde creo que la política económica del gobierno es manifiestamente mejorable, porque parte de un diagnóstico equivocado sobre la gravedad del problema al pensar que ya estamos a punto de salir sin necesidad de hacer nada más que esperar. Eso lanza señales confusas en asuntos relevantes como los siguientes:
·        Impuestos y gasto público. Dada la fragilidad de la recuperación, sobre todo en España con tanta deuda privada por devolver, el FMI está pidiendo prudencia a la hora de subir impuestos y retirar los estímulos públicos puestos en pie por los países. La estrategia conservadora pide recortar el gasto público y rebajar impuestos como manera de inyectar recursos en la economía privada. Por su parte, la estrategia progresista defiende que en situaciones de grandes incertidumbres y con un sector privado altamente endeudado, la capacidad del dinero público para impulsar la actividad, es mayor y más directa, por lo que debe primarse el mantenimiento del gasto público productivo. Anteponer la recuperación económica frente al recorte presupuestario, es una decisión estratégica que debe negociarse en un Pacto de Estado. Como también, el abordar, de verdad, la reconversión del complejo inmobiliario-financiero español.
·        Rebaja de costes productivos. Salir de una crisis profunda exige reajustar los costes para recuperar competitividad. Sin devaluación posible, eso solo se puede hacer actuando sobre los salarios o sobre el resto de costes productivos. Esa es una de las patas principales del Pacto. Concretar los sacrificios que necesitamos hacer para ajustarnos a una nueva realidad en la que somos más pobres y debemos mucho dinero. La (casi)congelación salarial pactada por los interlocutores sociales puede no ser suficiente y debe verse acompañada de rebajas en las cotizaciones sociales, reducción de costes administrativos y judiciales, así como reformas estructurales en los mercados de factores y productos. Todo ello, para recuperar capacidad de crecer en un mundo globalizado.
·        Reparto equitativo de sacrificios. No podemos pedirle los esfuerzos siempre a los mismos. Pero la alternativa no es dejar de hacerlos, sino atrevernos a repartirlos de manera equitativa. Esa es otra de las patas del Pacto. Resulta difícil de aceptar que los pensionistas que cobran 870 euros al mes ponen en riesgo la viabilidad del sistema, mientras se suprime el impuesto de patrimonio para los más ricos. Buscar nuevas fuentes solidarias para financiar el sistema de pensiones se convierte, además, en pieza clave para rebajar costes laborales no salariales.

       Necesitamos un paquete articulado, equilibrado y compensado de medidas que respondan a una estrategia definida y conocida de lucha contra la recesión. Y que respaldado por las fuerzas parlamentarias, interlocutores sociales y Comunidades Autónomas, fortalezca la posición internacional de España, resaltando nuestra solvencia y credibilidad a la vez que recuperando confianza en el interior. Marcar rumbo, a partir del reconocimiento de lo obvio: la situación es muy complicada, no estamos ante un paréntesis del que volveremos en el punto de partida, necesitamos hacer sacrificios, esfuerzos y cambios importantes que debemos repartir de manera justa.
         Esta es una crisis de las que alteran algunos fundamentos de una sociedad, señalando un antes y un después. El impulso reformista internacional está perdiendo fuerzas y ya nadie habla de refundar el capitalismo. En España, de momento, estamos también perdiendo el partido y con él, las posibilidades de continuar en la Champions. Pero aún estamos a tiempo. Espero que, dentro de dos años, el Presidente no tenga que reconocer que no supo valorar a tiempo la magnitud de la tarea reformista que exige la situación. 
 

3 comentarios

001
Emilio
15.03.2010 a las 22:30 Enlace Permanente

Que pasaría si las prestaciones sociales se redujeran a la mitad en tiempo y se obligara a la gente a buscar trabajo

002
Amparo
18.03.2010 a las 16:03 Enlace Permanente

Emilio, cuando dices “obligara a la gente a buscar trabajo” tiendo a imaginar que nunca has estado en paro, de lo que me alegro. Porque si hubieras estado desempleado sabrías que encontrar trabajo no es fácil desde hace tiempo.
Aprovecho y te recuerdo que el subsidio de paro no es maná, sino una prestación fruto de las retenciones que los trabajadores pagan.

003
Emilio
02.04.2010 a las 21:12 Enlace Permanente

Si he estado en paro. Pero tambien veo, que familias con recursos (uno o más de los miembros de la familia, trabajan y tienen buen sueldo) el otro miembro se queda en paro, percibe una renta de 800 o más euros y no trabaja en 2 años. No sería mejor un INEM que repartiera equitativamente y realmente a aquellos que lo necesitan los bienes escasos (en este caso el fondo para prestaciones que tanto cuesta al gobierno?). Supongo que en tu entorno conocerás gente que dice que prefiere cobrar 1000 euros y estar en casa que trabajar pagar impuestos y quedarse con un neto de 800. En realidad forzar a la gente a buscar trabajo” , reduciendo la prestacion de 2 a 1 año no incentivaría la búsqueda? Adicionalmente la reforma del mercado laboral y su rotación y movilidad es muy necesaria. Saludos

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