Poner números a la ansiedad. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 10:38 am

En época de crisis, los Presupuestos del Estado intentan acotar la ansiedad colectiva a base de ponerle números. De acuerdo con los conocidos esta semana, seguiremos teniendo motivos para la ansiedad el año que viene. Menos que antes, pero todavía viviremos el tercer ejercicio consecutivo de recesión económica.
     Ansiedad de las familias ante un incremento añadido del paro que, según prevé el gobierno, se traducirá en una reducción adicional de su tasa de consumo, a pesar de la bajada histórica en los precios. Ansiedad de las empresas que seguirán con un brusco descenso en su ritmo de inversión, sobre todo en construcción, por mucho que hayan caído los tipos de interés. Ansiedad de las Administraciones Públicas que han visto cómo su saldo pasaba, en poco tiempo, del primer superávit de la democracia, al mayor déficit de la democracia, al verse golpeadas sus cuentas por la crisis financiera internacional, mas la nuestra propia y un conjunto de medidas discrecionales que, ahora, se plantea suprimir en parte. Ansiedad, en suma, de los mercados financieros que pululan nerviosos imprimiendo a la bolsa española unos movimientos alcistas atípicos.
     En realidad, salvo las exportaciones, que crecerán si se consolida la recuperación en los otros países, los pensionistas que cobran la mínima y las empresas de infraestructuras, da la sensación de que el resto seguiremos presos de una ansiedad decreciente, aunque acumulativa.
    La subida de impuestos, junto al recorte de gastos, permite presentar una reducción del déficit público inicial de casi tres puntos de PIB, dibujando unos presupuestos formalmente restrictivos, si los analizamos en relación a  su impacto sobre el devenir económico. En todo caso, como el 90% de los ingresos y de los gastos públicos están predeterminados  o dependen del ciclo económico, el margen real de autonomía, en ausencia de reformas, es limitado.
 En la presentación gubernamental de los Presupuestos, se ha insistido en su austeridad, en que contribuyen al reequilibrio de las finanzas públicas, iniciando la senda de reducción del déficit. Para ese objetivo, las medidas son adecuadas, a pesar de que la apuesta del Presidente a favor del cambio de modelo de crecimiento, que tantos apoyamos, encuentre difícil reflejo en unas cuentas públicas que reducen la inversión en investigación y la incrementan en subvenciones al carbón.
Sin embargo, la pregunta más importante ahora es: ¿tenemos que iniciar ya el recorrido de consolidación presupuestaria como objetivo fundamental, cuando todavía viviremos un año malo? A esta reflexión ha dedicado mucho  espacio en sus conclusiones el G-20 y hasta el FMI acaba de señalar que es demasiado pronto para endurecer las políticas presupuestarias y monetarias. Todos somos conscientes de que la virulencia de la crisis financiera ha obligado a los países a contrarrestarla con apoyos presupuestarios cuantiosos e inyecciones extraordinarias de liquidez. ¿Cuándo debemos poner fin a estas ayudas públicas excepcionales? El comunicado recién aprobado en Pittsburgh reconoce que debemos esperar para pasar de “las fuentes de la demanda públicas a las de demanda privada” a que la recuperación esté asegurada, cosa que todavía no ocurre a nivel mundial y, desde luego, tampoco en España que retrasará su salida de la crisis.  
    Desde esa perspectiva me planteo si alguien no se ha equivocado en el manejo de los tiempos en España. Llegamos tarde al reconocimiento de la situación de crisis y, tal vez ahora, estemos yendo muy deprisa al pensar que la recuperación está a la vuelta de la esquina y podemos empezar a retirar ya, desde los presupuestos, recursos de la economía.
     No soy indiferente a la preocupación sobre el crecimiento del déficit. Participo en los trabajos presupuestarios desde hace más de quince años, con diversas responsabilidades que incluyen haber preparado muchos debates de totalidad, incluso haber protagonizado uno y medio, y he vivido de cerca, durante los años 90, los peligros del llamado crecimiento explosivo de la deuda pública. Pero para reforzar ante los mercados nuestra credibilidad como prestatarios, posponiendo el comienzo del ajuste al año siguiente tras mantener unos presupuestos para el 2010 muy parecidos en sus cuantías de ingresos y gastos a los aplicados este ejercicio, podríamos haber manejado mejor nuestra pertenencia al euro, las dificultades generalizadas en todos los países, la realización de un programa de reformas estructurales que incluyera una en profundidad de ingresos y gastos públicos y, en todo caso, un acuerdo parlamentario entorno a un plan de consolidación fiscal suscrito por las principales fuerzas políticas.
     La ansiedad no se cura con cifras. Hace más de cien años, el psicoanálisis descubrió el poder de la palabra para vencerla. Y eso, más palabras, discurso, narración articulada de lo que nos proponemos hacer y del reparto equilibrado de sacrificios, es algo que muchos hemos echado de menos en la gestión de esta recesión económica. El director de cine Hitchcock, llamó “macguffin” al necesario entramado interno de los guiones. Ese andamiaje que da consistencia a los personajes, a sus motivaciones y a sus gestos, debe existir y trabajarse aunque luego no se explicite. Sin el macguffin, la mejor de las historias se convierte en gelatina que se nos va entre las manos en medio de actos incomprensibles y personajes poco creíbles. Pues bien, a nuestro debate económico le ha faltado macguffin por parte del Gobierno, mientras el de la oposición ha sido demasiado burdo y apresurado.
    Si escuchamos las palabras que utilizan los ciudadanos para combatir su ansiedad, veremos que no quieren que sobre el drama del paro, se sume la pelea de los políticos. Alemania, con una caída del PIB superior a la nuestra, apenas si ha incrementado su desempleo, a lo que no parece ajeno la existencia de una gran coalición entre los dos grandes partidos durante lo peor de la crisis. No creo que sea necesario tanto en España. Pero sí, tal vez, un amplísimo acuerdo parlamentario entorno a unos Presupuestos anticrisis. ¿Imposible? Seguramente. Pero no por ello menos necesario para aligerar la ansiedad de los ciudadanos y mejorar nuestras posibilidades de una pronta recuperación. Por eso merece la pena insistir.

2 comentarios

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enric doménech
07.10.2009 a las 17:59 Enlace Permanente

Existen pequeños/grandes vicios en los actores de la política en todos sus niveles. Las viejas guardias que siempre han aplicado la política de “tierra quemada”, se mantienen en sus trece: ‘no vamos a darles soluciones, para que las utilicen …’, o ‘mañana se va a decir por ahí, que nosotros queremos plantear tal o cual cambio’ … y nosotr@s no estamos gobernando.
Estos mensajes, no son casuales, ayer mismo los escuche en la última reunión que mantuvimos (sic) para debatir la situación actual en el pequeño ámbito local; y desde la oposición política.
Estas reacciones me parecieron de mediocres timorat@s, sin desmerecer su ‘experiencia política histórica’.
Entré en política hace más de 25 años, porque creía que mi esfuerzo y mis ideas podían aportar eso que en mercadotecnia se llama “inputs”. El convencimiento de que algo puedes aportar a la solución, o a la mejora de tus vecin@s.
Las estructuras políticas son viejas, y la grasa que une sus piezas, más que favorecer el movimiento, lo entorpece, porque se ha solidificado.
No se puede, ni se debe censurar ninguna idea, por descabellada que parezca, en la primera fase de ‘tormenta de ideas’ o brainstorming, y mucho menos descalificar a quien las plantee sin pararse siquiera un instante a valorarla y sopesarla medianamente.

Empecinamiento es lo que tenemos algunos al defender y debatir nuestras opiniones e ideas. Algunos las califican de temerarias (no por su contenido, sino por el entorno frágil en que nos encontramos: pendiente de la permanencia en el trabajo, pendiente de enojar a algún capitoste funcionari@ o polític@). La valentía del temerario, pero ¿cómo sino se puede plantear un cambio? ¿desde posiciones acomodadas y aburguesadas? ¿desde el lamento cotidiano? ¿desde el ‘dejar hacer, dejar pasar’-laissez faire, laissez passer-?.

Desde estas lineas animo a tod@s aquell@s que creen que pueden aportar alguna idea, a que lo hagan valientemente, decidida, y rigurosamente.
Como decía mi abuela, … más se perdió en Cuba; y … sin cambio, no hay evolución.
En paz contigo mism@. Luchando por la consecución de unas ideas y de un proyecto, a pesar del encerado de los escalones de esta escalera que es la política. Y no se equivoquen los profanos, cualquier decisión dentro del ámbito de la empresa, es una decisión política. Cualquier decisión dentro de un movimiento ciudadano, o asociación, es una decisión política. No está la política sólo en los partidos.

Un fuerte abrazo,

enric doménech

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Mármol
12.10.2009 a las 20:41 Enlace Permanente

A la fuerza ahorcan. Y todos sabemos que la solución pasa por tener unos políticos responsables, que transmitan la sensación de que piensan en lo importante, gobernar una Nación.

Pero tenemos un Gobierno que todo lo sacrifica en aras al mantenimiento del poder y que no da un ápice de opción al otro partido mayoritario, lamentablemente para ellos el enemigo, y nosotros lo acabaremos pagando.

Sigue la división, el enfrentamiento, la persecución, mientras en la Comunidad Autónoma Vasca se han sacrificado todos los credos con el objetivo de conseguir un bien superior, la normalidad en una sociedad dominada por el miedo y el sectarismo.

ZP va a acabar haciendo bueno hasta a Ibarretxe que ya es decir. Porque de seguir las cosas como están no tendremos solución. Ahora lo importante es el Gürtel y que nos olvidemos de que no se está gobernando. Aunque lo más probable es que quien no sabe lo que es gobernar no sepa ni de qué se le está hablando.

Y lo más triste es que, para colmo, ni falta que lo hace. Las sectas ya están perfectamente delimitadas.

Confiemos que no se lleven por delante todo lo que se ha avanzado en la Comunidad Autónoma Vasca blindando un Concierto manifiestamente injusto y, lo que es peor, mal calculado a conciencia sin que nadie dé explicaciones. Todo sea por los votos.

Pero cuando les “botemos” se acordarán de que debieron rectificar, por mucho que intenten reescribir la historia de la mano de los “interesados amigos”.

Ya sabe que según El País los presupuestos del 2008 previeron unos ingresos superiores por “un fallo”. Ya veremos cómo se lo explicamos a los ciudadanos cuando algunas comunidades tengan que devolver en lugar de recibir más.

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