El mayor riesgo es no cambiar. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 7:35 am

Rajoy finaliza la legislatura como la empezó: anteponiendo los intereses de su partido sobre los generales del país. En 2012 retrasó la presentación de Presupuestos para ocultar los recortes sociales ante unas elecciones andaluzas que esperaba ganar. Y ahora, adelanta los Presupuestos para 2016, intentando condicionar al próximo Gobierno que, teme, puede no ser suyo, dando lugar a la anormalidad de que un Ejecutivo apruebe cinco presupuestos en una legislatura de cuatro años. La primera decisión, con una fuerte tormenta financiera exterior, fue irresponsable y abocó en la imposición de un rescate por parte de la Troika. La última, pone en riesgo una recuperación incipiente, que depende mucho de factores externos prendidos con alfileres, lo que, como acaba de señalar el servicio de estudios del BBVA, “aumenta la probabilidad de escenarios menos positivos para la economía española”.

Si el presidente Rajoy se hubiera limitado a presentar el Programa electoral de su partido en lugar de concretarlo bajo la forma de Presupuestos del Estado, no tendríamos la certeza de que, si repite como presidente, no piensa introducir cambios importantes en la política económica, más allá de algunos regalos electorales. Incluso, utiliza la continuidad como un valor positivo, considerando que aquello que, según él, ha funcionado durante la crisis, es lo mismo que va a seguir funcionando durante la recuperación. Con ello, omite dos evidencias: primera, que, difícilmente repetirá su mayoría absoluta y, por tanto, necesitará para gobernar de apoyos parlamentarios en los que sus eventuales aliados le impondrán condiciones. Segunda, que la alteración drástica de contexto nacional e internacional que se ha producido, exige un cambio sustancial en la política económica llevada a cabo hasta la fecha, si queremos garantizar una recuperación sostenida y para todos.

“Hay quien empieza a señalar que aparecen vientos de cara donde hasta ahora soplaban de cola”

Las medidas económicas aplicadas por Rajoy, al margen de las imposiciones incluidas en el MOU adjunto al rescate financiero de 2012, se han basado en dos supuestos teóricos: austeridad expansiva y devaluación interna.Ambos han hecho agua. La idea de que la austeridad, recortar gasto público y privado, genera incentivos positivos en los inversores hasta el punto de provocar un incremento en la actividad económica ha sido desmontada por los estudios del FMI, tras experimentarlo aquí en carne propia con la recesión vivida en 2012/2013. Recortar el gasto agregado reduce la actividad (como decían los manuales de economía, desde Keynes) y no lo contrario, como defendía Rajoy.

Por su parte, bajo el concepto técnico de devaluación interna se ha castigado a quienes viven de su trabajo, sea presente (despidos, bajadas de salarios, reducción en poder de negociación laboral, precariedad) o pasado (pensiones recortadas, copagos, reducción en prestaciones sociales) y se ha favorecido a quienes viven de rentas, sean de la propiedad o de la regulación estatal, con independencia de la responsabilidad que cada uno hubiera tenido en el origen de la crisis

El resultado de la aplicación de ambos principios ideológicos se ha traducido en el mayor transvase de renta y de poder entre clases sociales en España, desde la construcción del Estado del Bienestar en la década de los 80, pero en sentido contrario al de entonces. España ha ganado competitividad a fuerza de abaratar su trabajo y de incrementar fuertemente la desigualdad social, como acaban de demostrar, también, las últimas estadísticas tributarias publicadas. Es decir, los beneficios de unos se han conseguido con los sacrificios impuestos a otros. Por eso no puede ser un modelo sostenible y cambiarlo es condición necesaria para garantizar una recuperación sostenible que nos saque de la crisis económica y social en que nos ha sumido tanto la recesión internacional, como las políticas nacionales aplicadas.

Algunas voces autorizadas empiezan a señalar que pueden aparecer vientos de cara internacionales donde, hasta ahora, solo han soplado vientos de cola para la economía española (caída del precio del petróleo, depreciación del euro, tipos de interés cercanos a cero). Que los actuales problemas en China, Brasil y otros países emergentes, junto a la revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento en las economías desarrolladas, van a acabar impactando sobre esa mitad de nuestra tasa de crecimiento que depende de los vientos externos. Además, cualquier escenario de futuro sobre nuestra economía no puede obviar el impacto restrictivo que sobre la actividad tendrá la necesidad de desapalancamiento que sigue siendo muy elevada en familias, empresas y administraciones públicas, tras una legislatura en la que ha subido el volumen total de deuda interna y externa. Sin olvidar la hipótesis defendida por el Premio Nobel Larry Summers sobre el estancamiento secular de los países desarrollados por falta de inversión suficiente.

Todo ello hace urgente cambiar el modelo de crecimiento económico actual de España para que deje de reposar en abaratar costes laborales y empiece a centrarse en mejoras de productividad asociadas a innovación, digitalización y formación. Como lo es recuperar políticas y recursos para reducir el tremendo ensanchamiento que se ha producido en la brecha social y territorial. Como lo es utilizar las potencialidades del gasto público (inversión) para mantener una demanda agregada con tendencia a la contención, una vez recuperada la tendencia. Pues bien, nada de esto hay en los Presupuestos para 2016 que se debaten en el Parlamento.

Vamos a asistir, en los próximos meses, a importantes cambios políticos en España (Cataluña, nueva correlación de fuerzas parlamentarias, reforma constitucional, lucha contra la corrupción) que se sumarán a los importantes cambios económicos que ya nos vienen de fuera y a aquellos otros que debemos hacer para darle continuidad a una recuperación de la que nos beneficiemos todos los ciudadanos. En ese contexto, el principal activo del país será contar con un Gobierno capaz de gestionar adecuadamente un momento fluido de cambio como el que vamos a vivir, buscando soluciones, en vez de culpables; propiciando acuerdos, en lugar de enrocarse en confrontaciones y con capacidad para anteponer los intereses generales sobre los de partido. Como ven, el principal riesgo, en los tiempos que vienen es, precisamente, seguir con lo mismo, no cambiar. Y creo que Rajoy, en el fondo, lo sabe.

Jordi Sevilla es miembro del Comité de Expertos de Pedro Sánchez.

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