¿Y si el pozo no tuviera fondo? publicado en Mercados de El Mundo

Escrito a las 11:01 am

La rapidez con la que se deteriora la situación económica nos hace dudar de que hayamos entendido el carácter proteico de esta crisis general y mundial que parece no tener fondo. Se diría que hemos entrado en uno de esos círculos viciosos que se retroalimentan a la baja presentado una situación cada vez más deteriorada en cuanto a empleo, riqueza, confianza y perspectivas. Junto a ello, como sombras fugaces que apenas duran un telediario, vemos a los máximos responsables políticos y económicos del planeta bailando una danza ritual ante lo incomprensible. Parece que siempre llegamos tarde a los problemas y que las vías de agua se abren y reabren de manera permanente.

La débil frontera que en nuestro sistema financiero separa los problemas de liquidez de los problemas de solvencia se atraviesa en las dos direcciones varias veces a la semana, obligando a aprobar medidas y más medidas que se quedan obsoletas a veces incluso antes de que hayan entrado en vigor.

En España, sin ir más lejos, hace unos meses tuvimos serios problemas de falta de liquidez en bancos y cajas para hacer frente a nuestros compromisos con el exterior ante el desplome de los préstamos en los mercados financieros mundiales como efecto de las conocidas subprime. Ese primer acontecimiento tuvo dos consecuencias en paralelo: primera, obligó al Parlamento a aprobar un paquete de apoyo a la liquidez del sistema financiero, incluyendo avales y compra de activos por parte del Tesoro, así como un mayor activismo prestatario por parte del ICO, todavía en la convicción de que el problema era serio, pero no para tanto.

En segundo lugar, la sequía de liquidez se trasladó al resto de la economía iniciando un proceso de severa alteración en el flujo total del crédito: los bancos y cajas cerraron el grifo, lo que se tradujo en dificultades para empresas y familias que, a su vez, dejaron de pagar sus deudas a otras empresas o a las administraciones públicas, quienes, a su vez, aplazaron todavía más sus pagos por obras o servicios a las empresas que vieron reducir, todavía más, su liquidez y vuelta a empezar, con cierres y despidos por en medio lo que, a su vez, deteriora la posición acreedora del sistema financiero que ve cómo se incrementa su morosidad.

Cuando nuestro sistema financiero recuperó la liquidez, ayudado también por las nuevas actuaciones del Banco Central Europeo, se encontró con que la situación internacional empeoraba a marchas forzadas, mientras que el panorama nacional era ya de desconfianza generalizada. Es decir: frenazo en seco de la demanda de créditos vinculada a la vivienda (más del 50% del total), primeros casos de quiebras e impagos y amenaza seria a los ratios de solvencia por la morosidad creciente, el mayor coste del capital obtenido y las peores perspectivas para invertir en financiación nueva en un contexto de crisis aguda.

Empezaron entonces los problemas de solvencia en algunas entidades de las que sólo conocemos, de momento, una caja de ahorros, sin que, desgraciadamente, dé la impresión de que todo va a quedar ahí. Los temores de insolvencia hacen más prudentes a las entidades que vuelven a reducir el crédito y así se inicia todo otra vez, pero a la baja.

Ante un panorama como este, al que tampoco las nacionalizaciones están poniendo fin, hablar de deflación no es descabellado, y quienes niegan esta posibilidad lo hacen con los mismos elementos con los que hace año y medio se podía negar la crisis.

Cuando el problema es mundial, buscar la culpabilidad en los gobiernos nacionales y en sus políticas no sólo es una tontería, es algo peor: un error. Porque se da a entender que cambiando de gobierno los problemas desaparecerían por arte de birlibirloque.Y me temo que la cosa no es tan fácil.

Todos los gobiernos están haciendo más o menos lo mismo. En España, inyectar a la actividad económica un impulso presupuestario total equivalente al 6% del PIB -o algo superior este año- será discutible, pero no puede decirse, con rigor, que sea no hacer nada, como afirman algunos. Sin embargo, es un hacer que no consigue detener esa espiral infernal hacia la depresión. ¿Qué más se puede pedir?

Muchos hemos vivido, con ésta, tres crisis y media de la economía española, a lo largo de las cuales hemos oído montones de propuestas, experimentado algunas y rechazado otras que, como en el Bolero de Ravel, vuelven y vuelven aunque nunca se haya probado sus bondades.

Con frecuencia aparecen soluciones basadas en trozos de experiencias de otros países: el seguro de desempleo de Austria, las cotizaciones de Dinamarca, el despido de Inglaterra etcétera. Olvidando que cuando se hace algo a partir de retazos de otras cosas, suele salir un Frankenstein. Por ejemplo, no podemos proponer para España la llamada flexiseguridad laboral olvidando que su financiación necesita un sistema impositivo distinto y más gravoso que el nuestro. O plantear reducciones en los costes por despido sin caer en la cuenta de que forman parte del valor patrimonial del trabajador al que se le expropiaría sin indemnización.

Hay que saber resistirse ante los arbitristas que proponen remedios de la vieja o bálsamos de fierabrás por más que la historia haya demostrado hasta la saciedad su ineficiencia. Siempre hay quien piensa que tocando un poco de aquí y un poco de allá la máquina volverá a funcionar. Pero no. Una crisis económica no es un problema técnico que se resuelva con sabiduría especializada, ni con coraje, con ganas o con entusiasmo, sino un problema social de reparto de costes y beneficios que no tiene soluciones mágicas y que requiere laboriosas negociaciones políticas.

Por ello, una terapia de choque ante la situación nos obliga a agarrarnos a un plan conjunto, equilibrado y pactado social y políticamente si queremos intentar frenar la sensación de caída libre en la que estamos. Lo contrario nos asemejaría al extraordinario Barón de Munchausen, que pretendía elevarse en el aire tirándose él mismo de su propio cabello. Inténtenlo.

3 comentarios

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enric doménech
09.03.2009 a las 20:54 Enlace Permanente

El aforismo de “no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tu por tu país” queda ante la realidad de las cosas, y ante la desorientación identitaria, en algo así como un frase ocurrente.
Sin embargo, si existen comportamientos y acciones que pueden ser de utilidad para que el entorno inmediato en el que nos desenvolvemos, sienta con menor rigor los efectos de la “crisis sistémica global” o crisis de la leche.
Ya sabemos que a determinados colectivos, esta crisis les afecta más bien como ‘observadores curiosos y mordaces comentaristas de su entorno’. Y a estos especiales observadores, que podría ser por ejemplo, unos cuantos millones de españoles empleados por las AA.PP. (Administraciones Públicas), yo les pediría, a ellos, y a quienes legislan las leyes y nos representan, no que congelen sus retribuciones, sino que simplemente, tomen alguna de las siguientes medidas (o todas):
– Cotización por desempleo de tod@s l@s emplead@s públic@s.
– Paralización de las gratificaciones por servicios extraordinarios.
– Moderación de la concesión de productividad.
– Consolidación del empleo temporal en todas las AA.PP.
– Revisión y homogeneización de las tablas retributivas de todos los empleados públicos, en especial de todos aquellos, que sobrepasen los máximos establecidos para el Complemento Específico, de la Administración del Estado –AGE-.
– Gestión directa de obra y servicio público, mediante contratos de duración determinada.

Al Tribunal de la Competencia, le exigiría que despertase, y en cooperación con el Ministerio de Trabajo, y los Agentes Sociales, se estableciera por una vez un marco retributivo en todo el Estado, en determinados servicios, como la recogida y tratamiento de residuos sólidos, ergo basura, en el que todos los municipios y ayuntamientos están al chantaje ocasional de las empresas del sector (no más de 10 en toda España). ¿Por qué debemos permitir este comportamiento quasi delictivo y quasi mafioso, que al final repercute en el bolsillo de todos los ciudadanos?

Al Ministerio de Industria y Energía, le exigiría que se dejara de papanachas con bombillas de bajo consumo, y que de una vez por todas, se pongan las ‘pilas’. ¿Qué pasa que no apoyamos la producción doméstica de energía fotovoltaica, en los hogares españoles, mediante un precio competitivo de venta de KW/hora producido? Esto si sería de verdad una ayuda a miles y miles de economías domésticas y hogares. Que pasa, que las cuentas de resultados de las eléctricas no son tan abultadas, … o que las cuentas de las entidades financieras a su vez accionistas y con acción de dominio sobre aquellas, no reparten tantos dividendos,… pero si ya tenemos vendida las joyas de la corona a países terceros. Si, esos que están tomando posiciones de cara al futuro inmediato energético (Italia, Rusia, Alemania, …)

Al Ministro de Transportes y Telecomunicaciones, le haría examen de conciencia, y propósito de enmienda de la dejadez en el campo de la liberalización real del precio y servicios de las telecomunicaciones. ¿Por qué un servicio básico en la actualidad, como el uso de redes de información y comunicación –internet- tiene los precios prohibitivos que tiene en España, cuando en USA, y resto de Europa, su coste es infinitamente menor?.

Al Ministerio de Educación le preguntaría, que se está haciendo para que formemos a muchos más y mejores ‘profesionales’ en oficios, y trabajos como las energías alternativas, las nuevas tecnologías, los servicios a la comunidad y geriátricos, etc…¿Con que medios están estudiando los futuros profesionales?

Al Ministerio de Sanidad, le exigiría un control más severo de la gestión privada que se ha puesto de moda, por ejemplo respecto de la ‘derivación de enfermos a centros de según que empresas’, o de dejar en manos y beneficios privados los servicios y atenciones que suponen un mayor margen de beneficio, dejando el lastre de los pacientes de larga duración y/o hospitalización para los centros públicos. ¿Qué no ganan bastante quienes negocian con nuestra salud? ¿No tienen bastante con aplicar sueldos inferiores, y jornadas de trabajo más largas? ¿Por qué se permite la privatización de los aspectos rentables de la sanidad de los españoles, a ‘amiguetes’, y siempre ‘socializamos’ los no rentables?. ¿Otro INI en la sanidad?

¿Quién controla la ingeniería contable con la que se esconde la deuda pública de las Comunidades Autónomas? ¿O es que la deuda de CIEGSA, en el caso valenciano, es también una fábula?. ¡Señores, que estamos hablando del dinero de todos!

Y que no engañen algunos, lo que se digo de los Ministerios, es ‘idem’ de las Comunidades Autónomas con competencias en las materias; o de muchas Administraciones Locales (que las Diputaciones y demás, también lo son).

Y suma y sigue…

Un abrazo desde Xàbia/Jávea.

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enric doménech
09.03.2009 a las 21:36 Enlace Permanente

Y, por cierto, si es posible reducir el 5% del paro coyuntural en mi comarca, los estoy intentando a través del blog sobre empleo, ayudas, becas, etc.. que desde mi responsabilidad en la agrupación socialista de Xàbia. La dirección para quienes les pueda interesar, es:

http://psoemarinaalta.blogspot.com .

Aquí, además de poder introducir tu solicitud de trabajo a varias empresas, y buscadores de empleo, facilitamos periódicamente las ofertas de emploe público, en el ámbito de influencia geográfica. Un saludo a tod@s.
Esto es, una manera más de colaborar y ayudar a salir de esta situación económica.
Predicar con el ejemplo, que decía alguien…

003
magda
10.03.2009 a las 13:26 Enlace Permanente

Si el pozo no tuviera fondo, de nada vale este sufrimiento.
Terminaríamos augurando un desastre mundial como el Obispo Willianson, que habla de un desastre de tercera guerra mundial para solucionar la economía. Este si que no necesita ningún G-20 ni nada que se le parezca.
En el caso de que no triunfen las tesis de este obispo el fondo debería regularse de acuerdo a lo que queramos salvar, los gobiernos y la parte social, y dado el vértigo que produce los cambios constantes, deberíamos ser más listos que el zorro y adelantarnos al siguiente gran acontecimiento-¿QUÉ NO SABEMOS LO QUE SE AVECINA?- el obispo si lo sabe, y a todos senos pasa por la cabeza que de una manera u otra el hambre es nuestra gran guerra, de la que ya ni contamos lo muertos.
No va hacer falta armamento de última generación. Usar el hambre y la desinformación es la guerra del siglo, pero mientras esperamos que esto no ocurra el PSOE lo mismo que nos entusiasmo su llegada al gobierno debería volver a plantearse sus ideas socialdemócratas, en estos últimos meses ha perdido el dibujo de la sensatez, la firmeza y la diferencia con los partidos de derechas.
Quizás muchos nos preguntamos viendo este faro (que mando)en medio de la tormenta, ¿quién construyó esta fortaleza marina, que le dio una solidez inmensurable?
Sin lugar a dudas la mano del hombre, que con la experiencia no dejó que nadie doblara su inteligencia, ni las más tremendas tormentas.
Así, quiero yo un Socialismo, que no se deje doblar y no tenga prejuicios políticos. Y sea más listo que el zorro.
Un saludo

http://www.youtube.com/watch?v=miIWGeLHn-c&playnext_from=PL&feature=PlayList&p=C8F191A4C768C364&playnext=1&index=1

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