Cinco retos, que son seis

Escrito a las 8:10 am

Foto: elmundo.es/LUIS DEMANO

Una de las peores cosas que nos puede pasar como país es que creamos que ya hemos hecho los deberes socioeconómicos y nos instalemos en la inactividad esperando que crezcan los nuevos brotes verdes ya plantados. Esa es, exactamente, la posición en la que está instalado el Gobierno, utilizando su minoría parlamentaria como excusa para encubrir su apatía. Tendremos que ser otros, aquellos instalados en la sociedad civil, quienes reclamemos de manera insistente que se haga algo ante la preocupante situación de algunos temas que afectan a nuestro nivel de vida y que no se van a resolver solo con esperar a que pase el tiempo.

Los cinco principales desafíos que debemos abordar como país han quedado analizados en un documento que he dirigido desde Llorente y Cuenca y que presento esta semana: Retos económicos España 2017, del cual haré un resumen aquí. Sin duda, el primer reto es crear más de dos millones de puestos de trabajo adicionales para volver a la situación que teníamos antes de la crisis. El resto de países de la Eurozona ya han recuperado la renta y el empleo anterior a la recesión, mientras que España recuperará este año la renta pero seguiremos estando muy lejos en empleo. Además, esta recuperación no está creando más empleo que antes por unidad de PIB, y corremos el riesgo de que se enquiste una parte del desempleo juvenil (50%) o del paro de larga duración (45%).

Las políticas activas de empleo y los fondos para compensar a los parados, que han visto cómo se reducía la cobertura, son las dos principales reformas pendientes en esta materia.

Mantener la demanda interna es el segundo reto. Una vez superadas las ensoñaciones de cambio de modelo productivo hacia un crecimiento basado en el sector exterior, la demanda interna, el consumo de las familias y la inversión se han revelado como el motor de la recuperación desde 2014, año en que la contribución neta del sector exterior al crecimiento del PIB ya fue negativa y solo ha dejado de serlo dos años por la caída del precio del petróleo. Con el regreso de la inflación que ya se contempla para este año, el crecimiento solo se mantendrá en las tasas necesarias si recuperamos la inversión pública y las subidas salariales como estrategia de negociación colectiva.

Evitar que el sector exterior siga drenando recursos es necesario, además, para ir reduciendo la importante deuda externa que fuimos acumulando en la época del boom inmobiliario. El dato de enero, con un fuerte crecimiento del déficit exterior como consecuencia del alza del precio del petróleo, debería poner fin al espejismo en que hemos vivido al confundir algo coyuntural (el superávit de la balanza por cuenta corriente), con un cambio estructural de nuestra economía. Ensanchar la base exportadora y promover políticas energéticas que reduzcan nuestra dependencia exterior será fundamental para compensar el aumento del déficit comercial que se producirá cuando recuperemos la inversión al nivel anterior a la crisis sin que podamos beneficiarnos de los vientos de cola favorables como hasta ahora. Ese sería el tercer reto.

El cuarto tiene que ver con la sostenibilidad a medio plazo de las finanzas públicas. Es cierto que la crisis ha actuado a través de los llamados estabilizadores automáticos al provocar una fuerte caída de ingresos y un sensible aumento del gasto público. Pero no es menos cierto que, analizando los datos, la política de ajuste presupuestario seguida estos últimos años ha sido desigual, a pesar de que todos y cada uno de los años se ha incrementado la cifra objetivo de déficit a cumplir. Recordemos que, en su debate de investidura, Rajoy asumió el compromiso de reducir el déficit del conjunto de las administraciones hasta el 3% del PIB en 2012 y que 2016 ha cerrado, todavía, «cerca del 4,3%». Y ello, aún, con un fuerte recorte en el déficit de las Comunidades Autónomas (casi cuatro puntos) y Entidades locales (un punto y medio), mientras la Administración General del Estado mantiene la misma tasa de déficit que en 2011, sobre todo, por el creciente desfase en la Seguridad Social. Una reforma fiscal integral que mejore la tributación de la riqueza y la de los recursos naturales escasos, junto a políticas de control de la eficiencia del gasto público, deben acompañar a la necesaria reforma de la financiación autonómica. Sobre todo, porque necesitamos muchos años de superávit estructural en nuestras cuentas públicas para ir reduciendo la elevadísima deuda pública acumulada.

El quinto reto, el reto de los retos, por ser el único que puede convertir la recuperación en algo sostenido en un contexto de envejecimiento de la población, es la mejora en la productividad total de los factores productivos que han venido evolucionando desde hace años muy por debajo de otros países comparables. España no puede seguir creciendo por cantidad de factores productivos aportados, sino por la calidad de los mismos. Esto tiene que ver con tamaño empresarial, innovación, digitalización y formación profesional adecuada para trabajadores y empresarios.

Abordar estos cinco retos es lo único que puede ir reduciendo la pobreza y la desigualdad derivadas de las políticas de devaluación interna seguidas, sentando las bases de ese crecimiento inclusivo al que se ha referido la OCDE en su reciente Informe sobre España. Si, además, queremos que nuestro crecimiento sea sostenible, tenemos que estar dispuestos a abordar un sexto reto medioambiental que tiene que ver con más fuentes renovables de producción eléctrica, pero también con cambios en la manera de producir, consumir, desplazarnos y, sobre todo, vivir. Empezando por las ciudades.

Todo un plan de reformas y mejoras que debería impulsar el Gobierno, aunque sea cuando no tenga nada mejor que hacer, pero que, en todo caso, podemos ir implantando ya desde la sociedad civil. ¿Se apuntan?

Publicado en elmundo.es el 26 de marzo de 2017

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