La Hora de la Socialdemocracia. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 11:33 am

Mientras estamos preocupados por Grecia y su posible efecto contagio, Madoff está en la cárcel, Goldman Sach acusado de fraude, Lehman quebrado, Citigroup nacionalizado y otros, devolviendo las ingentes ayudas públicas que les permitieron mantenerse de pie tras el hundimiento.
Si hay millones de parados, pérdidas cuantiosas de riqueza, fuerte incremento de la deuda pública y unas perspectivas inmediatas de reactivación que el FMI sitúa entre escasas e irrelevantes, no es por que haya fallado lo público, la regulación de los mercados y el Estado del Bienestar, sino más bien porque se había impuesto una alternativa que combinaba una economía de casino, un capitalismo desvergonzado, junto a fraudes y abusos sistemáticos, recubiertos de principios liberales (“fuera las manos estatales, que la mano invisible del mercado lo arreglará todo”).
No son los principios de gestión del capitalismo actual encerrados en el llamado consenso socialdemócrata los que han provocado esta crisis.  Como tampoco ha venido de la mano del intento de autorregular una alternativa entorno a propuestas como la Responsabilidad Social Corporativa, los Códigos de conducta empresarial, normas de buen gobierno en las empresas, etc. que Aldo Olcese ha resumido bajo la expresión de “capitalismo humanista”.  
El hecho de que ambas opciones la socialdemocracia y el liberalismo humanista, hayamos perdido una batalla frente a la “codicia, engaño y fraude” de gente sin escrúpulos que han montado un sistema de incentivos perversos, manejando con desparpajo principios supuestamente liberales que vulneraban cuando les convenía, no significa que no tuviéramos razón. Es más, la experiencia de la crisis debería avalar la vigencia de un discurso que recupera la sensatez del equilibrio entre estado y mercado junto a la exigencia de principios de gestión privada que resalten que una empresa es algo más que un conjunto de accionistas unidos por la maximización de beneficios a corto plazo: sin Estado no hay mercado, sin competencia no hay eficiencia.
 De eso iba, según entendimos todos, la necesaria refundación del capitalismo que propuso Sarkozy. Pues bien, año y medio después de la quiebra de Lehman Brothers y más de dos desde el estallido de las subprime, la agenda reformista está atascada. Al menos, en Europa, como hemos visto esta semana en la reunión del ECOFIN en Madrid. Ni supresión de los paraísos fiscales, ni cambios sustanciales en la regulación que impidan las prácticas arriesgadas que nos han traído aquí (están volviendo a ganar dinero con ellas), ni tasas preventivas a las entidades financiera, ni recuperación ética de los valores de una empresa socialmente responsable. Más bien, lo contrario. Vivimos la reconstrucción de las peores prácticas pasadas, entre ataque al Estado, el déficit y a la deuda pública, a los políticos, a los valores de la ética en la gestión económica de las empresas, relajación en las normas, por ejemplo, de control de emisiones de CO2.
En España,  la crisis estalla en un momento en que la deuda del sector privado, según el servicio de estudios del despacho Solchaga&Recio, alcanzó el 170% del PIB. Mientras, el sector público tenía superávit y una deuda pública por debajo del 60%. Todavía hoy, y a pesar del fuerte incremento en la tasa de ahorro de unos y de déficit de otro, las familias españolas (sin empresas) deben más dinero que el Estado. Cuando, además, el incremento del endeudamiento público se ha debido en su casi totalidad a los efectos de la crisis económica (reducción de ingresos, incremento de gastos) plantear el debate como si nuestro problema principal como país fuera el Estado por su mala gestión, me parece algo más que errar el tiro.
Necesitaremos también valores y principios para salir de la crisis. Para orientar el crecimiento. Para demostrar que algo hemos aprendido de los fallos del modelo anterior. Para consolidar mayorías sociales entorno a una narración que explique los sacrificios necesarios, a partir de un reparto equitativo de los mismos, donde pague más quien más ha contribuido a generar esta crisis que no ha sido motivada por demasiado estado sino por demasiada desregulación no controlada.
Y esos valores éticos los tenemos que encontrar en una socialdemocracia templada dispuesta a transar con los defensores de un capitalismo humanista. Una socialdemocracia dispuesta a seguir defendiendo sus principios pero a modificar sus instrumentos para adecuarlos con la nueva realidad. Convencida de que la única alternativa justa a los recortes salvajes del gasto público y de los derechos sociales, es el reformismo activo e inteligente. Sabedora de que el estado de bienestar del siglo XXI no podrá ser una prolongación matizada del que se construyó a mediados del siglo pasado. Demasiadas cosas han cambiado. Incluyendo algunas tan positivas como el envejecimiento de la población o la inmigración masiva y otras irreversibles como la globalización, el cambio en la cadena de valor añadido que afecta a la manera de producir, o los efectos del cambio climático que alteran la manera de vivir y entender nuestra relación con la naturaleza. El inmovilismo no es una opción entre el recorte o las reformas.
Todo ello, sin olvidar el núcleo duro que justificó el surgimiento del discurso socialdemócrata: intervenir con instrumentos públicos para incrementar las opciones de libertad real para todos, garantizando una igualdad de oportunidades que no desincentive el esfuerzo individual pero tampoco deje a nadie que lo necesite sin ayuda y, todo ello, financiado por todos de acuerdo a criterios de equidad como el que señala nuestra constitución: contribuye más el que más tiene.
Ante el fracaso del liberalismo salvaje, ese es el discurso de principios que nos permitirá salir mejor y más pronto de la recesión. Pero la sociedad actual ya no vive de declaraciones enfáticas en mítines que se olvidan luego en las reuniones de ministros europeos. Hay que “pasar al acto”, mediante hechos reformistas que transformen la realidad real: en el mercado laboral, en el sistema de pensiones, en la atención sanitaria, los paraísos fiscales,  los impuestos o las reducciones de emisiones. ¿Esta la socialdemocracia europea prepara para ello? Tengo dudas, mezcladas con esperanza. En todo caso, siempre nos quedará Obama.

3 comentarios

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magda
26.04.2010 a las 21:01 Enlace Permanente

Titular del Público
Asoma el Iceberg del Fraude en Wall Street

Veremos en qué termina todo esto, aunque no hay que esperar gran cosa: hasta final de 2010 no se reúne el G20 para acordar reformas financieras y habrá un período de adaptación hasta 2012. La banca, en todo caso, repercutirá los costes antes incluso de que se produzcan. Por otra parte, fijese en un dato revelador acerca de qué es lo que importa y quién es quién en este escenario. AIG recibió 85000 millones de dólares de dinero público para evitar el colapso. Hoy, un grupo de Estados ofrece, con reticencias y duras condiciones, menos de la mitad a otro Estado socio, para salvarlo de una bancarrota que afectaría a toda la población de un país. ¿Qué hubiese sucedido si el rescate y la deuda de AIG, Citygroup o el Hipo Real Estate alemán (50000 millones de euros en ayudas) se hubiese puesto en manos de “los mercados”, como se está haciendo con Grecia?.
Un saludo
Magda.
Puede borrar el anterior Por favor?

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enric doménech
30.04.2010 a las 11:37 Enlace Permanente

Buenos días Jordi, si me permites, voy a exponerte una modelo gráfico para que se entienda mejor qué políticas son las seguidas desde muchos gobiernos.

Yo la llamo “políticas rastrillo”.

Veamos los mismos hechos, desde dos posibles perspectivas:
– desde arriba. (desde la parte del mango)
– desde abajo. (desde la parte del rastrillo)

Desde el mango, se controla el movimiento, se tiene un único interlocutor (el palo), se negocia con un único ente/empresa/interés.
Desde el rastrillo, se ejerce el trabajo real, se tiene multitud de interlocutores, y los intereses y esfuerzo, no es regular, sino variado y asíncrono.

Políticas mango; ejemplos:
– Es más sencillo tirar por el camino de los campos eólicos, controlados por pocos a través de un puñado de empresas, si hablamos de generación de energías renovables. Se trata de proyectos con un componente de inversión muy alto, al alcance de muy pocos. (Y siguen precisando de grandes infraestructuras, para trasladar la energía desde su origen, hasta el consumidor). Lo dicho, vale también para la energía de generación marina (corrientes y mareas).
– En las comunicaciones por carretera, es más vistoso, construir grandes vías de comunicación (autopistas, autovías) con peaje (al sol, o en sombra); que también curiosamente suponen una gran inversión, al alcance. Cómo no, de un puñado de empresas.

Políticas rastrillo; ejemplos:
– Supongamos, en el campo de las energías renovables, que primamos e incentivamos que el mayor numero de ciudadanos, instalen placas fotovoltaicas, o termo-solares, o pequeños generadores eólicos en los tejados de sus casas. Generamos economías domésticas, el ciudadano participa de los beneficios, y la inversión para hacer llegar la energía hasta el consumidor, es mínima. Y ¿alguien ha pensado la multitud de puntos de generación de energía que se pueden instalar en las acequias de los campos valencianas? ¿Olvidamos tan pronto nuestros ‘molinos’, sean de agua, o de viento?
– Supongamos que en vez de sistemas lineales y/o radiales, realizamos inversiones en carreteras de tipo medio: carreteras comarcales, inter-comarcales, y locales. Mejoramos la movilidad al grueso de los transportes, liberando caudal en las grandes vías; todo ello, con un menor impacto en el paisaje y el territorio, además de estar estas inversiones al alcance de los pequeños y medianos empresarios.

Los pros y contras de ambos modelos, son de sobra conocidos. Es más fácil ponerse de acuerdo con uno, que con veintiuno. Es más tentador aceptar el regalo del único inversor, que de pequeños empresarios, con precios ajustados. La codicia es mayor cuanto mayor es el pedazo de pastel a agenciarse.

En un caso, el frío reparto de dividendos, es la finalidad de la acción/decisión; en el otro, estamos hablando del calor de las familias. Del retorno (pseudo-cooperativo) de la riqueza generada, al usuario de ésta.

El cielo, puede esperar; o La tentación vive arriba.

Elijan ustedes. (a la fin y a la postre, Marilyn, ya murió hace muchos años, y no deja de ser un sueño del cine). Ahora y aquí, vivimos el día a día. Lo palpamos. Lo sentimos.

¿Reaccionario mi planteamiento?
Yo prefiero pensar que se trata de justicia social, responsabilidad y sostenibilidad.

Nota: los ejemplos son transponibles a, pongamos por caso, 1 presa, o varios azudes; 1 empresa, o un conglomerado de éstas; una finca, o multitud de agricultores; 1 hipermercado, o un centro comercial abierto; 1 mega-puerto, o la optimización de los localizados en una zona determinada, buscando sinergias entre ellos; 1 Campus, o pequeños especializados; … y sigue, … y sigue …

Un abrazo desde Xàbia,
enric doménech

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Gloria Calero Albal
13.06.2010 a las 19:33 Enlace Permanente

Querido Jordi:
Siempre es estimulante y esclarecedor escucharte.
Creo que estamos ante el mayor ataque de políticas NEOLIBERALES de la historia, se resisten y lucharan con uñas y dientes para que no se produzca un cambio de modelo y quien no este dispuesto lo cambiaran, como puede ocurrir con el gobierno de Zapatero.
Yo me pregunto ¿si Francia, Alemania, Inglaterra o el gobierno de la UE fueran gobiernos socialdemocratas, la respuesta a esta crisis seria la que se esta dando ahora? estoy convencida que NO.

Un saludo
Gloria Calero

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