Los bancos no son para sentarse, publicado en Mercados de El Mundo

Escrito a las 11:35 am

Se ha levantado la veda y algo empieza a moverse en el sistema financiero español. Como yo tampoco tengo información al respecto (de hecho, desconfíen de quien diga tenerla, aunque no duden de que alguien la tiene), hay que interpretar las señales surgidas en las últimas dos o tres semanas, entre las cuales están:

La patronal bancaria asume su parte de culpa en los excesos crediticios del pasado y, además, manifiesta su voluntad de arrimar el hombro para salir de la crisis, según declaró su presidente en la comparecencia parlamentaria de esta semana. Para quienes recordamos lo dicho hace poco más de un mes por la misma patronal, esta declaración representa un giro de 180º.

La misma patronal se manifiesta en contra de las ayudas públicas a las entidades en dificultades porque eso debilita al sector, lastra la recuperación y, más en general, defiende que se deje caer a quienes no sean viables. Hace poco, los presidentes de los dos principales bancos españoles se posicionaron en igual sentido. Incluso, apremiaron a quien corresponda a que señalara con el dedo a aquellos que tuvieran problemas para, por contraste, decir quiénes no los tienen.

Ha echado a andar la primera fusión, por razones achacables a la crisis, entre cajas de ahorros.

A la vista de estos datos, daría la impresión de que en un corto espacio de tiempo se ha empezado a levantar el tabú que blindaba nuestro sistema financiero. A pesar de los obligatorios gritos de rigor en favor de la solvencia del mismo y de las declaraciones solemnes respecto a que no hemos contraído la enfermedad que está llevando a la tumba a gigantes bancarios del mundo entero, se empiezan a colar en las declaraciones públicas de los responsables sectoriales dos ideas: que pueda estar en marcha un intenso proceso de reestructuración de nuestro sector financiero como efecto de lo que nos toque de la crisis internacional y, en segundo lugar, que hay quien se cree preparado para acudir al mismo en una posición ventajosa que no quiere perder a causa de una intervención pública a favor de los débiles.

Así pues, mientras los ciudadanos seguimos preocupados por los problemas de liquidez que se traducen en restricciones en los créditos a empresas y familias mayores que la media europea, según ha reconocido el Banco Central Europeo, los gestores de nuestros bancos y cajas saben que el problema, para algunos, no es de liquidez, sino de solvencia, y habiendo olido sangre empiezan a tomar posiciones y preparan su artillería para la que va a venir. El asunto no es menor.

Si, después de todo, existen entidades financieras españolas con problemas insalvables de solvencia por no tener capital propio suficiente para hacer frente a sus compromisos, ¿qué hay que hacer? En teoría, hay cuatro opciones: dejarlas quebrar, como se hizo con Lehman o con cualquier empresa de otro sector. Podemos inyectarles capital público, nacionalizándolas como están haciendo muchos países desarrollados. Podemos favorecer que sean compradas por una entidad solvente, como se ha hecho en el Reino Unido con no demasiado acierto. O podemos incluirlas en los procedimientos de intervención existentes en España para casos similares, dejando que actúe el Fondo de Garantía de Depósitos como se hizo con Banesto a principios de los años 90. La solución que se adopte no es una cuestión técnica ni neutral desde un punto de vista de la concentración del poder económico, de la competencia y de la eficacia futura en el sector.

A tenor de las señales presentes en el horizonte, no creo que sea equivocado augurar que para las cajas con problemas se intentará su absorción por otra caja. Mientras, para los bancos, la presión a favor del uso exclusivo del Fondo de Garantías se abre camino de forma casi irreversible. Actuando así, se mantendrá el estatus entre cajas y bancos, se incrementará el nivel de oligopolización en el sector y se evitará la posibilidad de una nueva banca pública.

Si ya podemos hablar sin tapujos de la posibilidad, incluso inminencia, de un proceso de reestructuración en nuestro sistema financiero, convendría plantear también cosas adicionales que, al final, mejoren la competitividad del mismo para que pueda ofrecer servicios de manera más eficiente y barata. Dado que el proceso de reestructuración sólo será posible bajo tutela pública, su finalidad no puede ser sólo fortalecer la posición internacional de nuestros bancos y cajas en beneficio exclusivo de sus accionistas. Tendríamos que aprovechar para corregir los problemas de funcionamiento que nos han conducido a la actual crisis en el mercado de crédito.

A este efecto, sería útil analizar las razones por las que un sistema financiero tan moderno como el español se mueve muy mal en entornos como éste, de tipos de interés nominal bajos, hasta el punto de que tiene que sobrecargarlos con comisiones excesivas que perjudican a usuarios y consumidores. En segundo lugar, dado que las burbujas especulativas tienden a ser recurrentes y sólo pueden darse con la ayuda inestimable del sistema financiero, tendríamos que intentar reducir su frecuencia e intensidad. Esto último tiene que ver con la regulación obligatoria, pero también con códigos de conducta y compromisos públicos de responsabilidad social exigibles de manera especial en este sector.

Esta crisis nos ha hecho conscientes de muchas de nuestras debilidades.Pero, sobre todo, del papel especial que en una economía capitalista desempeñan aquellas instituciones que tienen la función de crear crédito. Entidades que actúan de acuerdo a la lógica de un sistema económico determinado que es, precisamente, la que debemos intentar cambiar para corregir sus excesivas fluctuaciones. La reestructuración del sector no puede, por tanto, concluir esta vez sólo con un nuevo reparto del poder en su seno. Hace falta una nueva regulación y diferentes prácticas, en defensa del interés general. Porque los bancos no son para ganar dinero propio, sino un servicio público esencial para gestionar de manera eficiente el dinero ajeno.

2 comentarios

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Moisés Plazas
16.03.2009 a las 14:02 Enlace Permanente

Los bancos es cierto que no son para sentarse en ellos por eso tienen que lebantarse del sillon que dominan y empezar a ir dando información de quien y donde, emos caido muchas empresas que dabamos empleo y ellos se nutrierón de nosotros y cuando a llegado la ora de ser nuestros bancos no abandonan y nos dejan en la estacada y todos al paro, por tanto ellos son culpables y hay que hacerles pagar todo lo quye estan haciendo.

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enric doménech
16.03.2009 a las 15:14 Enlace Permanente

En los 90’ se planteaba que había que concentrar el sector bancario, para hacerse fuertes de cara a Europa. Dos siglos antes, Napoleón planteaba la necesidad de tener vías de comunicación fluviales que unieran todo el Estado francés, uniendo incluso las dos costas, la Normanda y la azul. El III Reich, entendió la importancia de la logística, y la distribución y planificación geo-estratégica. Los llamados ‘chemin de ferre’ que entrelazaban todo el territorio británico y el colonial de la India, también fueron la muestra de la importancia política y económica de la comunicación y el transporte.

En este feed-back continuo, de ejemplos y contraejemplos, tal vez debamos replantearnos qué factores pueden ser determinantes de cara a un futuro próximo, que favorezca la supervivencia de los diferentes sectores –entre ellos el financiero- en el mercado global y local.

Algunas empresas, proceden a la adquisición como recursos propios, de una parte más que respetable, del volumen accionarial, que habían esparcido por los mercados, disminuyendo el riesgo de Opa’s y/o intentos de absorción o compra. De paso, reducen el efecto especulativo sobre sus activos, por parte de chacales bursátiles.

Otras entidades, por ejemplo el Banco Guipuzcuano, o el Banco Popular, siendo entidades medias, hacen de su condición, virtud, frente a los grandes e inoperativos bancos.

En un mundo global, donde la información, las transacciones financieras, y los vaivenes económicos, circulan a una velocidad endiablada por los diversos parqués bursátiles; se hacen más susceptibles a los ataques, contra lo que pudiera parecer, los grandes, en los que la epidemia se contagia por sus circuitos o arterias financieras, hasta el más pequeño de los confines. Y las consecuencias también.

¿Cómo ser más resistentes? ¿Cómo poder hacer frente a los ataques? ¿Cómo resistir numantínamente? ¿Cómo poder combatir ágil y efectivamente en el mercado financiero?
– Adecuación de las empresas a escalas de negocio.
– Acuerdos entre empresas, en áreas de negocio. Compartir la representación en empresas que sean estratégicas para su desarrollo. Ejemplo: Participar empresas de alimentación y comercio, en el accionariado de empresas logísticas y de transporte de mercancías.
– UTE . Uniones Temporales, entre empresas a la hora de abrir negocio en el extranjero. Compartir riesgos y beneficios en la apertura de mercados.
– ¿Recuerdan la lucha de guerrillas? Pues esta técnica básicamente, es la que se puede emplear contra el control por parte de las multinacionales. Acordando y coordinando políticas frente a los distintos mercados; adaptándose a la idiosincrasia de cada territorio, de cada estado, de cada región.

Es mucho más difícil de propagarse la enfermedad especulativa, cuando las distintas células tienen un grado de autonomía y/o independencia suficiente, como para poder mantenerse aisladas durante el tiempo necesario, hasta que se formulen nuevas políticas de coordinación y defensa/ataque.
Si se colapsan las autopistas, pero disponemos de una red secundaria en buen estado, podemos sortear los cuellos de botella, y los controles de la oferta o demanda de productos.

Si generamos (y me repito como el ajo, con esto de la producción de energía) desde miles de lugares, energía fotovoltaica, o eólica, o marina, a pequeña escala, desmontamos la (paradeta) tienda a las multinacionales. El Estado sólo se debe ocupar de controlar la distribución, el transporte de la energía, y que las tarifas sean lo más estables posibles. Evitando otra vez la especulación. Y de paso, reforzamos la estructura financiera de miles y miles de pequeños ahorradores (muchos de ellos, empresas que se sirven de esta segunda actividad no principal, como fuente independiente de ingresos). Ganamos tod@s, gana la naturaleza, ganan las familias, ganan las pequeñas y medianas empresas.
Todas las políticas que planteo se podrían visualizar mirando la red de acequias de riego que los árabes crearon en Valencia, hace cerca de mil años. Ver cómo fluye y se diversifica la oferta de agua, cómo llega hasta el más pequeño de los productores, cómo se puede retroalimentar con flujos puntuales provenientes de pozos, cómo salva los desniveles con sifones, cómo se crean reservas con balsas, cómo un uso sostenible, y solidario, convierte en un vergel las tierras, allá por donde pasa.
Nos debemos preparar para ser más competitivos, más innovadores, mejores diseñadores, más científicos, mejores estudiosos de los procesos productivos, con mejores profesionales intermedios, con una red más coordinada de universidades, de nudos logísticos, de transportes marinos y ferroviarios, …
Y dedicarse cada uno a lo que debe dedicarse, a lo que conoce, a lo que es su fin. Que los industriales, dejen de ser especuladores inmobiliarios, que los bancos, dejen de competir en parques temáticos de atracciones, … ‘zapatero a tus zapatos’, y el banquero y el bancario, a hacer banca, a prestar dinero, y cobrar un precio razonable (no usura) por el apoyo inversor a la generación de riqueza.
Y las Administraciones, a optimizar sus recursos, a velar por la integridad de los recursos que la ciudadanía pone en sus manos para que administre, y le preste servicios. Sin interferir en terceros (Caja Madrid, Bancaja, Cam, La Caixa, etc…).
Diversificación, especialización, globalización, planificación, motivación, control, gestión, …

Seny i coneixement.

Un abraç des de Xàbia.

enric doménech

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