Breve chequeo al presupuesto del Estado (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 8:14 am

Los Presupuestos Generales del Estado, la prueba matemática de las promesas políticas de los Gobiernos y uno de los principales instrumentos macroeconómicos, se han vuelto de muy difícil comprensión. Al analizar sus números, no se trata, solo, de los distintos puntos de referencia relativos: si respecto al año anterior o respecto a lo presupuestado, si respecto al Presupuesto inicial o a la liquidación. En este caso hay que incluir, además, si la unidad de medida es caja o Contabilidad Nacional, si se trata del Estado Central, de la Administración General del Estado o del conjunto de Administraciones Públicas y, en el primer supuesto, si los números observados incluyen o no las operaciones de reestructuración del sistema financiero, las aportaciones al MEDE, al Fondo de Proveedores y al FLA o si se tiene en cuenta, o no, la Participación de las Administraciones Territoriales en los impuestos del Estado. Con todo ello, la gran cantidad de números existentes ofrece, al menos, siete posibilidades distintas para presentar las cuentas públicas, a veces, con importantes diferencias cuantitativas entre unas y otras. Todo lo cual complica la adecuada rendición de cuentas así como la valoración respecto a cómo está yendo la cosa, más allá del mensaje simplista que quiera “colocar” cada ministro. Por ejemplo, el Estado acaba de presentar, hasta julio, un déficit ajustado a Presupuesto gracias, sobre todo, a un fuerte descenso en las transferencias efectuadas a la Seguridad Social. Pero eso significa que, en los meses restantes del año, tendrá que incrementarlas mucho y que, mientras tanto, está provocando un déficit en la Seguridad Social que este organismo explica en sus notas de prensa como atribuido “al menor ritmo temporal de las aportaciones previstas por el Estado”. A esto se le llama trasladar déficit del Estado a la SS, pero sin reducirlo.

Voy a centrarme en las cuentas del Estado Central, medidas en términos homogéneos de Contabilidad Nacional. El último dato publicado corresponde al mes de julio. Siete meses acumulados dan ya idea sólida sobre la marcha de las mismas, aunque hemos visto demasiadas veces como en los meses finales del año se ajustan los gastos para intentar cumplir con la cifra de déficit que vigila Bruselas. La primera reflexión a hacer es que, hasta julio, el déficit público se comportaba ligeramente por encima de lo presupuestado pero, medido en porcentaje de PIB, en línea con el del año anterior. Aplazado hasta el 2016 (tres años, desde el 2013) el compromiso de alcanzar el 3% de déficit en el conjunto de las administraciones y sin manifestar preocupación por el incumplimiento del objetivo de deuda pública que rebasamos ampliamente, la política presupuestaria del Gobierno está siendo moderadamente expansiva durante 2014, como recogen los estudios del Ministerio o la propia Contabilidad Nacional. La anunciada recuperación de la paga extra de los funcionarios contribuirá, sin duda, a reforzar este carácter anticíclico del presupuesto, abandonando la teoría inicial sobre el carácter expansivo de los recortes en el déficit público y las bondades de la austeridad. Todo un giro político que ha pasado sin explicaciones.

El total de ingresos no financieros está creciendo, hasta julio, al 3% frente a una media anual prevista en los Presupuestos del 2,1%. Sin embargo, el IRPF apenas si sube un 1,9% respecto al año anterior, mientras el IVA disminuye el 1,2% respecto al año anterior. Dos datos que evidencian los escasos avances producidos en la renta de las familias y los problemas crecientes de fraude fiscal en la tributación del consumo. La escasa capacidad recaudatoria por unidad de producto es el principal problema de nuestro sistema tributario, como señaló el Informe Lagares y queda claramente ninguneado por un Gobierno centrado en promover una reforma fiscal que atiende más a sus exigencias electorales, que a las necesidades del sistema presupuestario del país. Como curiosidad señalar que uno de los ingresos que más crece es el cobro de intereses a las CCAA por los préstamos del FLA que es, obviamente, gasto para estas administraciones. Mientras, los ingresos por cotizaciones sociales apenas si avanzan un 0,57%, evidenciando la precariedad del empleo creado.

Los gastos no financieros del Estado hasta julio se han reducido un 2,6% respecto al año anterior, algo más que lo presupuestado. Esta realidad oculta, sin embargo, importantes desviaciones internas entre partidas respecto a lo aprobado inicialmente por el Parlamento. Así, las transferencias corrientes a la SS y a las CCAA han caído hasta julio mucho más que de lo previsto, indicando con ello que se producirá un ajuste al alza en los meses que quedan del año; la remuneración de asalariados se mantiene constante respecto al año anterior; los gastos de inversión siguen bajando un 6,1% respecto a 2013, demostrando que son la principal partida en que se ha centrado el recorte del gasto público, mientras que los gastos por intereses de la deuda pública suben un 5,5% cuando en Presupuestos se había previsto una caída del 5,2% que ya resultó poco creíble en su momento. Dicho de otra manera, seguimos sin mejorar la eficiencia del gasto público: no estamos haciendo lo mismo que antes pero con menos recursos, sino que claramente estamos haciendo menos, incluso recortar derechos, con menos recursos. Y este descenso de recursos es muy pronunciado en inversión productiva, mientras la partida de intereses de la deuda sigue al alza a pesar de la caída en los tipos de la deuda nueva, por el importante aumento experimentado en la cantidad acumulada. Pero la evaluación de políticas públicas y la reorientación de los gastos en función de la misma, sigue siendo una asignatura pendiente. Además, ni Presupuesto base cero, ni por objetivos, ni mejora en el eficiencia del gasto. Tan solo se ha avanzado, en esta legislatura, en el control de los presupuestos autonómicos por parte del Gobierno central, aprovechando cambios legislativos y la necesidad de liquidez de las CC.AA.

También en los Presupuestos nos encontramos, pues, con que el discurso oficial va por un lado y la realidad de los números, cuando eliges los adecuados, por otro.

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