La España dinámica. (Publicado en Mercados de El Mundo)

Escrito a las 9:56 am

 

Lo pudo haber dicho Sarkozy en su discurso: la España que genera admiración y respeto en todo el mundo es la que pasó de una dictadura en vías de desarrollo al G-20 gracias a un profundo y continuado esfuerzo modernizador y reformista que subordinó la lógica partidista a la lógica de Estado en los asuntos y en los momentos necesarios.

Cuando hablamos de los elementos diferenciales de la economía española casi siempre sacamos los negativos. Aquellas cosas, como el desempleo o la productividad, en las que salimos peor parados. Y no es justo, porque, sin caer en papanatismos, España tiene muchas cosas, no sólo buenas, sino mejores que la media europea. Y no me refiero al jamón, sino a su dinamismo social.

Nuestra historia económica reciente nos ha acostumbrado a que el mañana no será igual que el ayer, ni que el hoy. Es una realidad que nuestro país hoy es más abierto, emprendedor y acostumbrado a lo novedoso que otros países centrales de Europa. Eso es así por dos razones: la primera, que al tener menos en el punto de partida (estado del bienestar o tasa de ocupados o multinacionales) nadie tenía especial interés en conservar nada. Ni tan siquiera, aquellas empresas públicas procedentes del INI franquista.

Pero en segundo lugar, porque hemos vivido un proceso tan intenso y prolongado de cambios económicos y sociales en tres décadas que nos hemos acostumbrado a vivir así, de manera que la idea del cambio se ha instalado en nuestro ADN social.

La transición política de la dictadura a la democracia se superpuso con la primera gran crisis del petróleo hasta el punto de que muchos pensaron imposible superar ambos procesos a la vez. Aunque la política tuvo prioridad, los dos enfoques se unieron en los Pactos de la Moncloa, que impulsaron un amplio programa de reformas económicas. Desde la tributaria, con el primer IRPF progresivo de nuestra historia, hasta el mercado laboral (se decía que si llegábamos a un millón de parados la democracia se hundiría), las pensiones y, sobre todo, la reconversión industrial que empezó con los gobiernos de UCD, aunque no fue hasta mediados de los 80, ya con el PSOE de González, cuando alcanzó toda su intensidad en minería, siderurgia y naval, junto a una profunda reestructuración bancaria.

Aquel esfuerzo, muy doloroso socialmente y costoso en términos presupuestarios y de negociación, corrió en paralelo a los cambios derivados de la descentralización política y administrativa en las autonomías, los inicios de un sistema moderno de bienestar social y la puesta en pie de un sistema fiscal digno de tal nombre.El principal eje orientador de todas aquellas transformaciones fue el objetivo, asumido por todo el mundo, de ingresar en el Mercado Común.

Pero tras conseguir el ingreso, y sin ningún respiro, el Mercado Común inició un profundo proceso de cambio hacia el objetivo del Mercado Interior y el Acta Unica. En consecuencia, tuvimos que seguir manteniendo los mecanismos del cambio, la negociación y las reformas, para adecuar nuestro sistema económico a las exigencias de una mayor competencia, con 1992 como fecha de referencia.Y antes de llegar ahí se aprobó el Tratado de Maastricht, que instauró otro ciclo de reformas y de adaptación a nuevas realidades en forma de Unión Económica y Monetaria iniciada en 1997 con el euro y para el que nos preparamos con una reforma laboral, otra presupuestaria y con el Pacto de Toledo, entre otras cosas.

Desde entonces, no ha decaído el ritmo hasta el punto de que podemos decir que apenas hemos tenido un momento de respiro en las últimas décadas. Que nuestro modelo de referencia económico-institucional no ha hecho sino cambiar de manera constante hacia mayores cotas de competencia, interna y externa, lo que nos ha exigido cambios importantes y permanentes, también, en todos los territorios conexos.

Pocos dudarán de que la cosa ha valido la pena. En términos de bienestar, de renta per cápita, de internacionalización de nuestras empresas, de riqueza acumulada, de satisfacción como país. El vector del cambio, de la adaptación a realidades en movimiento, está instalado entre nosotros y debemos convertirlo en factor diferencial de éxito relativo, también, a la hora de encontrar salidas a las actuales dificultades.

Mirando los problemas de aquellos países recién incorporados a la Unión Europea y que no han sido capaces de hacer los esfuerzos internos de adaptación necesarios, no nos hace falta recurrir a un ejercicio de historia contrafactual para especular sobre lo que nos hubiera ocurrido si, por ejemplo, no hubiéramos realizado la reconversión industrial, no hubiéramos incrementado de dos a ocho y luego a quince años el período necesario de cotización para percibir pensiones públicas, no hubiéramos reestructurado nuestro sistema financiero o aplicado un moderno sistema tributario.

La historia económica y social reciente de España es la de un dinamismo sin parangón. No queda en pie casi nada de lo que existía hace dos o tres décadas. Si hoy somos la octava potencia económica del mundo y formamos parte del G-20 es gracias a esa historia acumulada de reformas permanentes que ha actuado sobre la capacidad de adaptación y de reacción de los agentes sociales, pero también del conjunto de la sociedad.

Ha sido posible, no sin tensiones, por la confluencia de cuatro factores diferenciales positivos. Uno: la intensa labor pedagógica en torno a que nos iba mejor con los cambios que enrocándonos en lo existente. Dos: la permanente negociación entre agentes económicos y sociales. Tres: el impulso político que, a pesar de las dificultades, fue capaz de aglutinar sólidas mayorías parlamentarias detrás de las reformas. Cuatro: la capacidad de reacción de nuestros agentes económicos y sociales, que han interiorizado las exigencias de ese cambio permanente. No todo es perfecto.Qué les voy a contar. Pero no hay razones para desconfiar de nuestros ciudadanos y encerrarnos en el inmovilismo, el temor o la flagelación. Ya pasó Semana Santa.

Un comentario

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enric doménech
04.05.2009 a las 11:56 Enlace Permanente

Detrás de un sueño … ésta podría ser, atendido a tu artículo, la frase que aglutina el comportamiento de la sociedad española, desde que nació en la democracia, y pasó de golpe a ser mayor de edad, para lo bueno, y para lo menos bueno.
La protección paternalista del hasta entonces ‘estado franquista’, desapareció con la muerte de su caudillo. [email protected] abrimos los ojos, y el aluvión de imágenes, situaciones, huelgas, manifestaciones, movidas, películas S incluidas, nos arrastraron como una riada, o tal vez, como la ‘pantanà de Tous’ (sin culpables, pero sin remedio).

Esta sociedad ha crecido, y hemos padecido lagunas importantes en nuestra madurez forzada; y también desarrollamos un espíritu especial como consecuencia del cúmulo de experiencias vividas. Lo cortés no quita lo valiente.

En el cambio también se han perdido cosas importantes. A veces el cambio por el cambio ha dejado en la cuneta a personas y pensamientos o culturas (educativas, sociales, familiares, de valores, cívicas) que una gran parte de la población desconoce o ha olvidado.

Alguien dijo que debemos de aprender de nuestros errores, para no volver a caer en ellos, pero la cultura del instante, de la imagen, de la digestión hecha del pensamiento, casi como si se tratase de un videojuego, impide la reflexión, la lectura pausada, el saborear del instante, sin beberlo a tragos, sino a pequeños sorbos.

Somos una sociedad establecida en el cambio, y seguro que si renaciese alguno de nuestros ancestros, se volvía de golpe a su tumba, ante el desconcierto que le produciría vivir tan aceleradamente.

Ve despacio que tengo prisa. Ante situaciones de pánico, guardar la calma. Detenerse, analizar, y actuar en consecuencia. El totum revolotum, nos puede dejar por el suelo.

Esta crisis, como todas nos sirven al común de los ciudadanos a replantearnos mucho las cosas. A reflexionar a partir de pararnos en el camino ( a veces de golpe, y cayendo de bruces sobre nuestros errores). Y como el poeta decía, caminante, no hay camino, se hace camino al andar,… (no somos tan modernos como pensábamos, antes alguien ya lo pensó)

Las reformas que necesita nuestra sociedad, no son sólo del mercado de trabajo (ni mucho menos), son las de una necesaria estabilidad en el sistema educativo, que permita valorar y mejorar los caminos tomados; las de acercar el conocimiento a la producción; las del relevo generacional en la toma de decisiones, o almenos, compartirlas entre varias generaciones. Cada uno debe decidir por el mismo, aunque se equivoque. Esto forma parte de la experiencia y de la formación del carácter de las personas.

Un fuerte abrazo, Jordi
enric doménech

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